ROBÓTICA Y RESPONSABILIDAD

Diario La Ley, nº 40, Sección Ciberderecho, 9-6-2020

– I – 

La primera de las leyes de la robótica, comúnmente aceptadas y acuñadas por Isaac Asimov, establece que “un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño”.

Esto significa, que el principio básico de un futuro derecho de la responsabilidad de los robots deberá ser proteger al ser humano, frente a cualquier daño que pueda causarle un robot.

Y como es principio general, también del derecho, el “alterum non laedere”, de cuyo incumplimiento surge la correspondiente responsabilidad civil, que generalmente se traduce en la indemnización de los daños y perjuicios causados ya de desde la lex Aquilina, está claro que, también en el ámbito de la robótica y de la inteligencia artificial que pueda integrarla, surgirá dicha responsabilidad por los daños y perjuicios que causen los robots y/o sus mecanismos directrices inteligentes.

– II – 

La cuestión que se plantea, es la de determinar quién será el sujeto pagador de las pertinentes indemnizaciones por daños, toda vez que los robots y demás mecanismos de inteligencia automatizada, no son personas equiparables a los seres humanos y, por tanto, no pueden ser sujetos ni objeto de derechos y obligaciones personales.

Descartada la posibilidad de otorgar personalidad jurídica propia a estas sofisticadas máquinas, tan superiores a las personas humanas en muchos ámbitos, pero carentes -por el momento- de conciencia de su propio ser y de libre albedrío más allá de sus correspondientes programaciones y de su propia capacidad de aprendizaje, se han barajado al respecto varias alternativas, destacando las siguientes:

a) Trasladar la responsabilidad al fabricante del producto, asignándole la responsabilidad en caso de defectuoso funcionamiento del sistema robótico de inteligencia artificial

b) Asignársela al usuario del robot o a aquel a quien pertenezca, como guardián del mismo

La primera opción, tiene la ventaja de que ya está diseñada en las leyes de responsabilidad por productos defectuosos, si bien no llega para cubrir todos los supuestos planteables, dado que el daño puede causarse por la máquina aun no siendo esta defectuosa, por un lado, y, por otro, los fabricantes del complejo integrado en el robot o sus modificaciones, pueden ser muchos y difícil deslindar su responsabilidad, a costa del dañado.

La segunda opción, tiene la ventaja de que puede estar prevista en la legislación general como cláusula residual, pero su aplicación puede resultar injusta, toda vez que el usuario o poseedor del robot no es culpable de los defectos que, en origen, esté pueda presentar después de su puesta en funcionamiento automatizada y, mantener lo contrario, podría suponer la cupabilización de un inocente.

– III –

Quizás, la respuesta pase por simultanear ambos sistemas de imputación de responsabilidad, pero combinándolos con un seguro obligatorio que haga factible la integral y rápida indemnización de los daños a los perjudicados, sin perjuicio de las acciones de repetición a que hubiese lugar después.

Se crearía así un derecho propio la responsabilidad de los robots y de la inteligencia artificial, que se podría desarrollar a través de las siguientes líneas:

A. Articular disposiciones específicas, delimitando la responsabilidad por productos defectuosos de los distintos fabricantes que integren el mecanismo robótico, pero manteniendo la regla de solidaridad de todos ellos frente al dañado, incluyendo como tal al propio usuario en su caso; con la responsabilidad directa del productor y subsidiariamente del proveedor.

Fijar la responsabilidad interna entre los distintos fabricantes como subjetiva y, frente al usuario, poseedor y dañado, como objetiva.

B. Ordenar el aseguramiento obligatorio de la responsabilidad por el productor, con importante cobertura y fondo de garantía en su defecto, de todas las responsabilidades derivadas del funcionamiento del robot. Establecer un derecho de repetición en caso de culpa grave de los fabricantes, para mantener un elevado estándar de calidad y contener el precio del seguro.

C. Y al propio tiempo, introducir en la legislación general de responsabilidad civil la llamada por “hechos de las cosas” al modo que, desde Josserand, aplica el Code francés que, precisamente, va a mantenerla tras el proyecto de reforma del año 2005, de tal forma que el usuario o poseedor, en calidad de guardián o garante del robot, deviene siempre en responsable objetivo de los daños que la máquina cause, como también puede inferirse del texto del artículo 1183 de nuestro Código civil, que tendría que enmendarse al efecto.

Tratándose de daños causados por un robot o mecanismo inteligente, de cuya utilidad se aprovecha el usuario o poseedor, pero que pueden ser causados tanto por el funcionamiento anormal, como por el normal del robot, resulta necesaria esta cláusula general de salvaguarda de responsabilidad en el derecho común, precisamente para cubrir la segunda hipótesis, en la que no entraría en juego la responsabilidad por productos defectuosos.

D. Lógicamente, aunque el criterio de imputación residual se mantenga en el guardián o garante (usuario o poseedor), también deberá combinarse aquí el régimen de responsabilidad con el seguro obligatorio que, estando ya establecido para el fabricante, parece debiera prolongarse obligatoriamente también para aquel, a lo largo de toda la vida del robot; pudiendo estar comprendida la prima en el precio de su adquisición o arrendamiento, o abonarse por el usuario independientemente, siempre con el respaldo de un fondo subsidiario de garantía.

– IV- 

Todo lo anterior puede tener cierta utilidad al momento actual. Pero, probablemente, los conceptos manejados se vean superados por la realidad de los vertiginosos avances tecnológicos en el campo de la inteligencia artificial, si se llegan a crear seres artificiales que adquieran conocimiento de su propio ser y, quizás entonces, con sus extraordinarias capacidades, dispongan y legislen ellos para nosotros.