LA RESPONSABILIDAD EJEMPLAR

Diario La Ley nº 9672, de 13-07-2020

– I –

He titulado este trabajo “responsabilidad ejemplar” que es el origen y el principal efecto de su secuela, a saber, los denostados por las grandes corporaciones y por la tradición jurídica continental, daños punitivos.

Y lo he hecho intencionadamente, para resaltar la vertiente preventiva de esta institución, tanto en la evitación o persistencia de conductas gravemente antijurídicas, como en la eliminación de toda obstrucción maliciosa a la reparación del daño causado.

Se trata de una figura extremadamente útil, en especial en el ámbito de los productos o servicios prestados en masa a los consumidores, al romperse con ella el cálculo beneficio/coste, que la empresa abusadora puede realizar para no satisfacer la indemnización que debería, al estimar económicamente más rentable seguir dañando, que cesar en ello y responder o actuar lícitamente.

En su cálculo de rentabilidad, pesará notablemente el hecho de que muy pocos de los perjudicados tendrán la osadía de acometer una acción judicial contra ella, asumiendo unos riesgos y costes desproporcionados, que en cambio para la corporación no suponen prácticamente nada.

Solo si el individuo “solo ante el peligro” recibe algún incentivo o recompensa por tan valiente de proceder, que en no pocas ocasiones, por su escasa cuantía, puede resultar antieconómico, y en el que no solo defiende su propio interés, sino también el “bien común”, es decir, los intereses de otros muchos individuos en la misma situación, a costa de todos los cuales la empresa abusadora se ha enriquecido indebidamente, puede compensarle el litigio que, en muchos casos, concluirá con un acuerdo satisfactorio y siempre con la rectificación general de la conducta del responsable.

La llamada por Ihering “lucha por el derecho”, adquiere aquí su máxima dimensión.

– II –

El mejor modo de acercarse y entender esta institución, que los códigos europeos no acogen expresamente, es partir de una concepción del derecho en la cual, como dijo el maestro Ihering este “solo conoce una fuente, la finalidad práctica “ y huir de toda clasificación dogmática de las distintas ramas jurídicas (civil, penal, administrativa o social), para someter toda la disciplina de la indemnización de daños y perjuicios y su aseguramiento a la sola categoría de “derecho de daños”, común a todas las ramas y donde caben múltiples combinaciones y escalas, que no son objeto de este trabajo, pero que van desde la responsabilidad civil (third party liability) hasta el seguro sin culpa (no fault) y, dentro de aquella, la objetiva, la culposa y, aquí y ahora, la ejemplar.

Por otro lado, conviene resaltar que la figura que nos ocupa es mucho más antigua que la tradición jurídica que anquilosadamente la rechaza, pues procede nada menos que de la lex aquilina del siglo III a.C, cuyo capítulo II disponía que si la parte responsable negaba su responsabilidad, la acción era por el duplo; perviviendo en el derecho medieval inglés la acción de daños por el doble o el triple; de dónde ha pasado, actualizada a la sociedad de consumo, al derecho norteamericano, generalmente con alcance del triple de la indemnización compensatoria.

– III –

Además, tampoco es exacto que esta figura sea desconocida en el derecho continental europeo. Ciñéndonos al caso de nuestro país, podemos citar los siguientes ejemplos concretos, que presentan sus características:

a) La cláusula penal permitida por el artículo 1152.1 del Código civil.

b) La responsabilidad civil procedente de dolo -o culpa grave equiparada-, no moderable en el artículo 1103 del Código Civil y, por ello, susceptible de agravación.

c) Las medidas adoptables para impedir la persistencia en un abuso de derecho con daño para tercero, en el artículo 7.2 del Código Civil.

d) La pérdida total de intereses en la nulidad del préstamo usurario, prescrita en el artículo 3 de la ley Azcarate de 1908.

e) La valoración de la gravedad del ataque, la difusión y las ventajas económicas obtenidas, en las vulneraciones de la intimidad, a efectos de su indemnización, según el artículo 9 de la ley 1/82.

f) La eliminación de cláusulas abusivas, sin posible sustitución, en la Directiva 13/93, de protección de los consumidores.

g) La valoración de las circunstancias de la infracción, para fijar la indemnización por daño moral, en el artículo 75.2 de Decreto Legislativo 1/13, de derechos de los discapacitados.

h) Los intereses no inferiores al 20% anual, a las aseguradoras que retrasen más de dos años el pago de las indemnizaciones, conforme al artículo 20 de la ley 50/80.

i) El recargo de prestaciones del 30% al 50%, por infracción de medidas de seguridad laborales, establecido en el artículo 164 de la LGSS nº 8/15.

– IV –

Recapitulando lo anterior, podemos concretar que los llamados daños punitivos o ejemplares obedecen al designio de combatir y evitar aquellas conductas que, siendo en principio lícitas en el tráfico jurídico, se ejecutan, sin embargo, en forma abusiva, malintencionada, dolosa o gravemente culposa, con daños a otras personas, especialmente si se reproducen en forma sistemática.

Se puede decir que, con el plus indemnizatorio que conllevan, se trata de señalar a quien de esta forma actúa, ejemplarizando su conducta, para que no le compense volver a hacerlo.

Constituyen, pues, los daños punitivos un incentivo de enorme importancia para prevenir y disuadir de conductas gravemente reprochables, para imponer la buena fe y diligencia debidas en la prestación de toda clase de servicios o en la producción de bienes, alterando para las empresas abusadoras los cálculos riesgo/beneficio que, en otras circunstancias, pudieran determinar la rentabilidad económica de aquellas actuaciones reprobables.

Al mismo tiempo, se envía también con ellos, un mensaje a toda la comunidad, reforzando la confianza de quienes creen en el derecho, cuando éste es vapuleado groseramente, marcando las distancias entre una simple conducta negligente y otra, además, socialmente intolerable, mediante la diferencia de coste entre la una y la otra.

En la práctica, asimismo, su sola existencia facilita la evitación de los litigios o la transacción de los mismos, en forma muy significativa.

– V –

En definitiva, en nuestra opinión, sería altamente deseable, por no decir extremadamente necesaria, la introducción de esta figura de la responsabilidad ejemplar y la subsiguiente indemnización punitiva, al menos en la legislación sobre protección de consumidores y usuarios, respecto de productos o servicios defectuosos o deficientes, en los que concurra un plus de grosero abuso antisocial, que se sugiere, podría cuantificarse en el múltiplo por tres, de la indemnización compensatoria propiamente dicha.